Tejiendo sueños… Verdad o utopía?


Cómo pasar de la competencia a la cooperación y de lo individual a lo colectivo. Durante el transcurso de mi vida, he podido corroborar de primera mano lo diferente y antagónicos que son la competencia y la cooperación. Por alguna razón de lo alto mi tendencia siempre ha sido a la segunda. Obvio que eso me hace sentir que de alguna forma siempre he ido en contra de la corriente o de la mayoría. Y qué pasa cuando crees o sientes que eres diferente? Tiene dos opciones: Cambiar para ajustarte a otros o permanecer asumiendo los retos. Recuerdo desde mi niñez unirme a grupos donde si bien había competencia mi ser la descartaba. Vi niños llorar por no sacar la mejor nota, a madres gritar porque sus hijos no cruzaron primero la meta, a padres empujar al límite a los suyos sin piedad porque sus hijos tenían que vencer aún en actividades en las que ellos fracasaron. Y una pregunta rondaba mi mente , aún siendo muy joven…Qué les pasa? Por qué no pueden disfrutar lo bueno que le pasa a otros? De grande comprendí que eso se llamaba “ éxito” y que alrededor de eso hay mucha competencia que mal llevada se transforma en envidia. Comprendí que es un tesoro que muchos están buscando a través de lo que hacen y no a través de lo que son. También se hizo notable para mi que esa competencia era ley entre los hombres y es parte de lo que se refuerza culturalmente para crear los abismos sociales que tenemos. Ahora bien, las mujeres fuimos creadas para la cooperación , esa es nuestra esencia, así desde tiempos ancestrales se nos confiado mantener encendido el fuego del hogar , a compartir y repartir, a dejar que el milagro de la vida se reproduzca en nuestros vientres y podría hacer una larga lista Mujeres, atención… nos salimos del camino al tratar de mantenernos en el carril de la competencia. Nos comimos el cuento enterito, lo deglutimos sin masticar, pero hay chance de reaccionar y cambiar. Podemos ser nuestros propios instrumentos de cooperación y de empoderamiento. Claro que necesitamos repregramarnos y un escenario seguro donde practicarlo.


Y así, pasé por el coro, la banda, girls scouts, patrulla escolar, delegada de curso, centro de estudiantes, representante intercolegial, , equipo de basketball, ciclismo, caminata en montañas, zumba, baile. En muchas actividades fui colocada como cabeza y no cola, tal cual dice la Palabra que es. Cada experiencia ayudó a crear esta mujer que hoy mora en mi. Llena de errores , con mucho más que aprender pero con un corazón dador alegre y apasionada por empoderar y amar. Más tarde en mi adultez, me uní a grupos de mujeres y aún cuando predicamos una misma fe, he visto de todo, he visto como lo que pudo ser una sana competencia y el escenario idóneo para la cooperación se corrompió por intereses individuales en detrimento de los colectivos. También vi que cuando cubríamos nuestras faltas en amor, los resultados de restauración y edificación eran asombrosos, sin ser eso haya sido el común denominador. Sin condenaciones, seguí en la búsqueda porque mi espíritu sabía que había más. Viendo ya la hermosura de un proceso que me ha acompañado toda la vida , es recién en mis 50’s que puedo declarar con consciencia plena , con certeza y reafirmar el poder de la cooperación , integración, complementación con el que Dios me creó. Y reconocerlo como una virtud!

El reto que asumí para no cambiarme a lo que hacían otros y lo que cultivé , aún sin el conocimiento de cómo hacerlo, hoy produce su rédito.

Hoy me siento feliz de reconocer que ha valido la pena mantenerme en el camino de la cooperación y saben qué, cuando digo que he sido diferente no me refiero a que sea peor o mejor, más o menos que otra mujer, me siento feliz porque a pesar de la cultura que nos rodea he conseguido a un grupo de mujeres muy parecidas a mi, hechas a imagen y semejanza , -no porque todas pensemos igualito- , mujeres que han aprendido a amarse a si mismas, a empoderarse y además a ayudarse a cumplir sus sueños. Un sueño personal, que de la noche a la mañana se hace colectivo y un sueño colectivo que creías que era personal empieza a ocurrir ante mi mirada atónica. Un lugar donde fluye el amor , donde puedes embarrarla y no se espera tu perfección. Un lugar para soñar en voz alta, un lugar donde te presentas despeinada o arreglada , en tu cama u oficina, manejando o alimentando a tus hijos. Un lugar en donde día a día practicas los 4 acuerdos:


1) Ser impecable con tus palabras,

2) No tomarte nada personalmente,

3) No hacer suposiciones y

4) Da siempre tu máximo esfuerzo.


Un lugar donde tejes sueños y te encuentras con tus miedos más grandes y los superas, donde enciendes la llama del merecimiento propio y en el caminar compartes el regalo de dar, un lugar donde entiendes que puedes desde tu consciencia y acciones nutrir a otras y finalmente un lugar donde te sumerges en un viaje interior donde fluyes con la energía creadora que hay en ti , te renuevas y brotas como fuente de agua viva. Un lugar de acompañamiento, de palmadas en el hombro, de abrazos y de poner punto final a la victimización. Aquí te completas y brillas! Es verdad, ese lugar existe! No es una utopía. Ubícate en el lugar al que perteneces, deja que los hilos de amor entretejan tu vida y la de quienes en el plan divino te acompañen en esta experiencia colectiva , desde el aquí y el ahora hacia la eternidad , cumpliendo el plan y el propósito que Dios designó para ti. Gracia y Favor!



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