¿Por dónde empiezo?

En mi práctica de coaching, especialmente en la sesión inicial, es bien común escuchar: ¿No sé qué hacer?, ¿no sé por dónde empezar?, me siento sin piso, entre otras.



Si quisiéramos más claridad, mis seguidores en redes son 66% mujeres y 34% hombres, la mayoría latinos o hispanoparlantes, edades comprendidas de 18-24 años 22%, 25-34 el 31%, 35-44 un 24%, 45-54 13%. Quizás sería común pensar que: esto sea normal para el primer estrato. Sin embargo, se repite en todas las edades. Lo que llamó mi atención para escribir este blog.

A la verdad, en redes o presencialmente en mis sesiones, esto escucho más de las mujeres. En el fondo, no creo que no sea una experiencia que los hombres no enfrenten. La diferencia es que nosotras nos permitimos exteriorizarla y tratar de arreglarla aunque sea con ayuda de otros y ellos de silenciarla y arreglarla desde su yo. Ambas responden a prácticas sociales “aceptables” y que llegamos a creer.


En todo caso, mujer u hombre usa este blog a tu favor sin importar “el qué dirán”, ve al fondo del asunto y resuelve a tu favor usando TODO lo que esté disponible. La buena noticia es que al buscar ayuda, siempre tendrás chance de revertir esa situación, no importa en tiempo que esta te haya afectado.


Como echarle la culpa a la sociedad no resolverá nada, pero estar conscientes de esto, si lo resolverá, ya estaríamos arrancando con buen pie.




Cuando las situaciones conflictivas, problemáticas o incómodas se presentan, nuestra tendencia natural es ir y tratar de solucionarlas o sacárnosla de encima lo más pronto posible.


Es así como nuestro pensamiento, acciones y tiempos se enfocan en el problema y en sobrevivir. Y eso no está mal, porque nuestro cerebro actúa para protegernos y garantizarnos la sobrevivencia. Ahora si tu eres una persona, que no quiere pasar su vida entera apagando fuegos, sino recorriendo el camino con plan y propósito, cumpliendo metas, dejando legado, cambiando vidas. Entonces, este artículo te servirá. Aunque es muy difícil ser objetivo con uno mismo, pregúntate:


¿A dónde me está llevando esta situación?


¿Me saca de mi zona de confort?


¿Me confronta con un temor?


¿Me obliga a cambiar un hábito?


Esto te llevará a asumir responsabilidad respecto a la situación. Asumir responsabilidad está alejado de sentirse culpable y ayuda a generar aportes. Al no culpar a la sociedad, a tu mamá, a tu infancia, a tu relación de pareja que no funcionó o al perro; podrás moverte hacia una solución verdadera. Solo asumiendo objetivamente responsabilidad puedes tomar la decisión de: ¿por dónde empezar? La respuesta más válida y sensata es:


¡Empieza por ti!




¿Qué quiere decir eso? Que nadie más que tú, sabes cuáles mecanismos se activan en tu mente, en tus emociones, aún en tu cuerpo físico cuando se encienden las alarmas porque algo no va como esperabas.


Prontamente, el temor no tarda en tratar de robarle el protagonismo a la situación. Entonces, surge la pregunta del millón: ¿Y si no decido bien? “Ya me ha pasado”…se cruza por tu mente a toda velocidad. Una vez más la voz del miedo se activa antes de que ni siquiera te hayas movido, intentando neutralizarte, vendiéndote la idea de… que ni lo intentes, ¡no funcionará!


Otro pensamiento por el estilo, le da paso a ¿Y si me equivoco? Si eres perfeccionista, sabes bien de lo que hablo. Quizás eres de las personas más afectadas con las voces del temor.

Y así pudiéramos ir agregando una lista muy variada de “excusas” disfrazadas de temores. La buena noticia, es que tenemos a mano lo que yo llamo “La respuesta del millón”: ¡Actúa! ¡No hay otro camino! ¡Actúa! ¡aunque creas estar equivocándote! ¡Muévete! Cambia aquellas preguntas o afirmaciones, por estas:

Y si no tuviera temor, ¿qué haría?, ¿qué soñaría?, ¿qué pensaría?


Ahora actúa, muévete con estas respuestas en mente. Y empieza a ver cómo desde adentro de ti surgen las mejores respuestas. Y ahora que ya sabes por dónde empezar, cuéntame…


11 tips para saber por dónde empezar:


1. Busca ayuda profesional de un coach. Invierte bien tu tiempo! 2. Asume responsabilidad, no culpabilidad. 3. Atrévete a hacerte preguntas interesantes, que te hagan pensar. 4. La pregunta del millón :Por dónde empiezo? Siempre tiene una respuesta única: Por ti! 5. Conócete. Nadie Que más que tú, sabe cuáles mecanismos se activan para que te quedes como estás. 6. Desenmascara al temor en la forma que ya conoces que te afecta. 7. Cambia las voces del temor por estas preguntas o afirmaciones: Y si no tuviera temor, qué haría?, qué soñaría?, qué pensaría? 8. Cree esas nuevas respuestas que conseguiste y úsalas como combustible para actuar. 9. Cómo lo harás? Actuando. No hay otro camino ! Actúa, aunque creas estar equivocándote! Muévete! 10. Ten presente que todo empieza por ti. Y las mejores respuestas surgen de ti mismo. 11. Y ahora que ya sabes por dónde empezar, cuéntame…



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