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¿Eres de las personas que le cuesta dormir?

 

¿Te gustaría irte a la cama con la conciencia tranquila?

 

En la práctica del coaching es muy frecuente encontrar culpas y condenaciones, las cuales no solo le quitan el sueño a sus portadores sino que impactan negativamente el resto de sus actividades. 

 

Aunque parezca mentira muchas de ellas están basadas en la percepción de “Hice tal cosa”, “No hice”, “Dejé de hacer” , “Debí hacer” . Finalmente no se le hace fácil a la gente lidiar con estos temas. 

 

¿La causa? En lo práctico, tenemos unos valores y cuando traspasamos los límites por ellos creados y creídos no podemos estar tranquilos y mucho menos dormir con la conciencia tranquila. Sentirse mal a veces,  no está mal si te lleva a mejorar. La culpa no siempre es negativa, pues puede despertarnos a no repetir ese traspaso, a desear cambios, aún a soñar cosas mejores. 

 

La mayoría de las veces aparece con una voz acusadora, que se acentúa, que retumba en la mente y que termina creando historias inventadas, magnificadas. Que te hace dar vueltas en la cama y sin piedad te hace ver el reloj una y mil veces sin que la noche termine de pasar. A la mañana siguiente te sientes doblemente mal. Una por la condenación y otra por el mal dormir. Es un caso parecido al de los celos. Dicho en pocas palabras, estamos frente a una culpa improductiva, pues no te llevará a ningún lado más que al desgaste.  

 

En algunos casos más acentuados la condenación puede aún aparecer asociada a otras condiciones físicas: respiración descontrolada, sudoración, angustia existencial, entre muchas otras manifestación dependiendo del vuelo que dejes que tome tu mente. 

 

¿Te suena conocido?

 

 

Si te ha pasado, prueba hacer algo diferente a lo que siempre haces, respecto a la culpa para que obtengas resultados diferentes:

 

Concientiza si la culpa que tienes es real o imaginaria. ¿Cuándo es real? Cuando tu acción u omisión ocasionaron un daño y puedes darte cuenta de eso. ¿Cuándo es imaginaria? Cuando independientemente de lo que hubieras hecho o dejado de hacer nada estaba bajo tu control.

 

Determina si el evento que generó la culpa estaba fuera o dentro de tu control. Hay mucha incidencia en creer que eres culpable de algo, cuando en realidad ese evento nunca pudo haber estado en tu control, sin embargo aceptas una culpa que no te pertenece. Por ejemplo, ocurre una tragedia que cobra muchas vidas y la tuya fue preservada. Te sientes bien por un instante y no puedes creer el milagro pero inmediatamente te sientes mal porque comienzas a pensar que murió gente más joven que tú, que tú pudiste haber ayudado si…esto y aquello, y así sucesivamente.

 

¡Conócete! Conoce qué sentimientos  y emociones produce en ti la culpa. No es lo mismo estar triste, que tener vergüenza, no es lo mismo tener vergüenza que tener rabia. Clarifica, ¿cómo te sientes?

Trata de aislar la actual experiencia de culpa que estás teniendo de otras situaciones anteriores. La mente es veloz en hacer puentes, asociaciones entre situaciones parecidas y terminas metido  en lo que yo llamo “un saco de gatos” lidiando con distintas culpas  a la vez  y en un espiral peligrosamente descendente.

 

Teniendo todo esto claro, ¡ahora sí! Acepta la parte que te corresponde, en la medida perfecta, sin más ni menos.

 

Decide perdonarte, ¡decide perdonar! Esto suena fácil, pero no se hace tan fácil.

Muchas veces pensamos que la otra persona no se merece nuestro perdón o que no está bien extender un perdón porque no fue culpa tuya o no iniciaste el problema o que la otra persona es orgullosa, abusa, etc. Y quizás si, tienes parcialmente la razón  pero la razón difícilmente obra el perdón. Piensa en que tú, sí te mereces la libertad que generará ese perdón y que si no lo haces te mantendrás  vinculada, quieras o no, con la persona o con la situación.

 

Descubre los aspectos positivos de la culpa: Si le ganas la batalla a tu mente, podrás obtener algunos aspectos positivos de la culpa. 

 

Aprender de un error, rectificar y corregir desde la libertad, es de sabios.

 

Madura, ve la situación con una perspectiva distinta, amplia y capaz de aportarle algo a tu vida. 

Ya a estas alturas estarás en capacidad para transformar la culpa en gratitud. ¿Cómo hacerlo?

Supongamos que eres una persona que critica con mucha frecuencia y esto afecta tus relaciones personales y te trae problemas con frecuencia. 

 

Una lección aprendida aquí pudiera sonar a esto:

 

Agradezco esta experiencia porque de ahora en adelante me propongo que por cada pensamiento de crítica que mi mente perciba, me obligaré a conseguir dos motivos o características de esa persona que merecen ser reconocidas por mi y la que pensé, no la diré. ¿Te atreverías a hacer este cambio?

Quédatele viendo a alguien ahora, al azar, y pon en práctica esto. Aunque no puedas decírselo porque quizás  sea un desconocido, puedes completar tu ejercicio en silencio. ¿Te sientes igual que cuando criticabas? O ¿te sientes mejor ahora con esta nueva visión?

 

Hay algo extra que puede ayudarnos a reconquistar el sueño profundo ese  que me hace afirmar: “dormí como bebé con osito” Sueño de niños, profundo, despreocupado. 

 

Y no empecé  por aquí porque esto es válido solo si crees en Dios y es la manera más fácil de lograrlo.

¡Permítete equivocarte! entiende que eso no se les escapó al plan de Dios para tu vida y para los otros involucrados. 

 

Si practicas esto: No se ponga el sol sobre tu enojo. Puedes neutralizar la culpa, casi automáticamente y para terminar de acabar con ella establece, declara esta verdad: ”No hay condenación para los que amamos al Señor y a los que conforme a su propósito hemos sido llamados”. 

 

Refuerza el verdadero valor que tienes, con palabras de afirmación que te recuerden lo valioso que eres.

 

Más que suficiente para recobrar cualquier sueño perdido. ¡Felices sueños! ¡Buenos Días!

 

Si necesitas superar tus culpas y erradicar de tu vida la condenación, ¡sé cómo ayudarte!

 

 

11 tips para que duermas como un bebé: 

 

 

  1. Conoce la causa de tu culpa.

  2. Determina si es real o imaginaria.

  3. Reconoce si es productiva o improductiva. 

  4. Aíslala de otras experiencias o episodios para debilitarla.

  5. Conócete! Conoce tus sentimientos y emociones asociados a la culpa.

  6. Madura, rectifica, permítete equivocarte, perdona.

  7. Descubre los aspectos positivos de la culpa.

  8. Transforma la culpa en gratitud. Haz y repite el ejercicio mental tantas veces cuanto sea necesario para lograrlo.

  9. Neutraliza en un solo paso a la culpa practicando verdaderamente el “No se ponga el sol sobre tu enojo” 

  10. Declara esta verdad: ”No hay condenación para los que amamos al Señor y a los que conforme a su propósito hemos sido llamados”.

  11. Refuerza el verdadero valor que tienes, con palabras de afirmación que te recuerden lo valioso que eres mientras te dispones a dormir... ¡Felices Sueños!

     

     

     

     

     

     

     

     

     

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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